Huyendo tras las huellas de la utopía
Enviado en Septiembre 23, 2009 a las 1:52 am por Rolando Prudencio Briancon
Es como una permanente persecución; una burlesca búsqueda de algo que acercadamente aparece y desconcertante desaparece después, desafiándonos a ir tras ella. O sea que es un escalonado espejismo que escapa cada vez que afanosamente nos acercamos al fuego de su fugaz fulgor para que fugue al futuro.
¿Será por ello que las utopías son como el motor de la historia? Porque parafraseando paradigmática y paralelamente se parece a esa máxima manifestada por Marx en sentido de que: el motor de la historia, es la lucha de clases. Ergo; entonces la utopía sería el motor para que: otro mundo sea posible.
Es que ésa contemporánea consigna que otro mundo es posible; es un lugar común en el que rebeldemente nos reconocemos, más aún después de que la déspota, autoritaria, absolutista, unipolar y unilineal universalización que imperial e irreflexivamente nos impone la lóbrega lógica de la Lucha contra el Terrorismo, y que es para hegemónicamente establecer aquella embustera ecuación que te exige irremediablemente el imperio: a estar al lado de ellos, ó a estar en contra ellos.
Por tampoco estamos entonces ante aquella urbanizable utopía de Tomás Moro, perfectamente pensada, en la que hasta la arquitectura de los acueductos estaba platónicamente planificada en esa simpática y simbólica ciudad, perfectamente pensada en la obra Utopía de éste humanista, que fuera castamente canonizado en 1935.
Entonces estamos ante lo que materialistamente Marx manifestara como una máxima, que es la Lucha de Clases, como el motor de la historia; y no precisa, providencial y angelicalmente para alcanzar algún nivel en el nirvana, ni nada parecido; tan sólo como un medio dinámicamente dialéctico, disputado y confrontado entre contrarios, para alcanzar la Justicia Social, como un fin en sí.
Es que en todo caso quienes como vendedores de humo y utopías; unilineal, uniforme y utilitariamente las universalizan, fundadas en aquello que fuese el funcional futurismo fundamentalista de Fukuyama que en su liberal libro El fin de la historia y las ideologías; daría empiezo a una embustera era de: hombres libres; pero que hoy ha quedado inviabilizado por ser una inexistente historia. Claro que estamos vivificada y bifurcadamente viviendo Tiempos de Cambios, como de Utopías, y que en el caso de Bolivia, la volcánica voluntad y pundonorosas pulsiones de su pueblo, ha hecho política y ponderablemente posible que un indio esté en el poder; pero además haciéndolo hasta ahora; mejor que nadie.
Y eso era peregrino pensar, porque era un inaudito e inaceptable hito en la historia, que un indio se imponga; es más era una utópica humedad. Pero es que Bolivia está significando, simbólica y humildemente la universalización de esa utopía que: otro mundo es posible.